"Me interesaba que conservaran su estado tal como estaban, puesto que (al transcurso del tiempo) se fueron volviendo casi como piezas arqueológicas", apunta.
De 400 kilos cada una, y con una dimensión de 450 x 480 x 80 centímetros, las letras fueron trasladadas a un depósito, donde permanecieron cerca de dos años, hasta que le surgió la posibilidad de exhibirlas en el museo.
Hoy permanecen abandonadas en el patio de las bodegas del INBA en Ticoman, bajo ellas un escritorio, una silla y un policia las miran desgastarse, tal vez en espera de otro momento de fama.






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